Empiezo por purificar mis pasos. Ciegos que ya no los veo. Cubiertos por la neblina pesada de sueños que tocaron las paredes lamosas del límite y nunca pidieron nada a cambio.
Purifico mi misión. Purifico mi pasado. Purifico el estado presente en el que tardo en girar y empezar a entender. Purifico mi inocencia y el duro dolor que (me) causó. Purifico mi vitalidad. Purifico mis intestinos y órganos similares. Purifico mi alma. Purifico mi fe. Purifico mi creencia en mí. Purifico mi palabra. Purifico mi vida.
El atroz giro que fue capaz de doblegar el sueño. La materia que me acompañó tan largo como la noche. El cúmulo de lluvia pesada. Los tibios recuerdos de algo que maceraba mi espíritu y no tenía nada de rabia, donde todo era puro y desatado, donde no tenía heridas que hablaran por la superficie de un sueño o que dependiera de la velocidad con que se proclamaba la esperanza.
Ahora regreso a mi color, oscuro aún de día. Cálido dentro de los mantos cadavéricos. Pesado y orgánico. Mudo –algunas veces. Colapso de brillo. Letanía profana de murmullos veloces que no son más que un aliciente, que corroen, que refrescan, que lapidan, que socorren. Pila de sonidos en un núcleo sordo que ya no tienen con que asirse. Velocidad natural que bebe de palabra pero que se nutre en la calma del silencio. Velocidad sin movimiento. Acción evaporizadota que trata de acerar el mundo piel que lo habita.
No hay nada. Ya no hay nadie. Cuando las voces son sólo el reflejo de un subsuelo que jamás logré entender, y que ahora persigo como el único elemento vital de estación salvadora en este sosiego. Pero ya nada vuela, ya nada queda de pie en este ámbito gaseoso de creencias imposibles. Agria salvación que algunas veces desata la misma miseria en el mismo instante en que ya todos olvidaron la núclea esperanza.
Ahora regreso al único idioma que conozco, único idioma sin palabras que retorna también a mí. Voz preciosa que simula silencios eternos. Manto de historia imaginada mas nunca traducida. Órgano vital enceguecido por la comunicación par que busca la solución a una manifestación de una vía. Quieto. Veo. Callo. Silencio Solo Silencio.
Me hallo en el centro. Umbral de velas y sadismo vertical.
Historia con la voz de alguien más.
Minuto de ruido que acondiciona este, el otro futuro.
Llaga de acero.
Prisa sin final
que lame momentos, que se cuela veloz
entre los labios supurantes
de una abeja que ondea
la frágil fragancia de ritos sin belleza,
nube de nuez,
espacio de asfalto
con calor de hambre.
Litio en silencio,
mundo de lumbre
sin salir de la forma.
Pez óseo
con parábolas exageradas
que sueñan y mienten.
Núcleo veloz. Núcleo real.
Núcleo interno
que se desangra.
Instinto de palabra,
cuya razón teme
ser descubierta
una vez más, y
que ahora
sólo aborrece
el mismo silencio
del que se nutre y
habita.
jueves, septiembre 14, 2006
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