cayó del cielo, al terreno de la palabra, delicia de ritmo. el día era gris, profundamente bello. desde unos días atrás, los signos venían en carrera, y el pequeño palito diagonal fue quien ganó. todos ganamos algo con él.
el día era gris, profundamente bello. algunos teníamos los ojos sellados, el ritmo trepidante que traía la norma del lenguaje, nos atropellaba.
cuando hablaba, la palabra plana comenzaba, lentamente, a curvarse. la veíamos doblarse a la misma velocidad de la palabra.
el código la acogió. quedó más lleno. el código culminaba otra etapa, ahora era más grande, había crecido, completo. la palabra también había crecido, ahora se vestía mejor (se decía mejor).
sí, era una gota de lluvia sobre ciertas palabras, quizá un leve aguacero en una oración, un chaparrón en una novela, la forma sería lo más importante, pero no, lo crucial sería el fondo.
siento cómo la voz se estira en el dictado. en el salón de clase de los alumnos se preguntan sí existirán las suficientes tildes para pasar el curso. ¿existe un mecanismo exclusivo (y portátil), para ayudar a acomodar las tildes? sólo el lápiz, el instinto, el código, y la palabra de la guía.
¿qué función cumplirá la tilde en el futuro silencio?
el código empolvado, ya no tendrá la respuesta.
diálogo aclarado.
jueves, octubre 12, 2006
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